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Creó un poderoso sello de música latina. Ahora, Rich Méndez enfrenta otro reto: prisión

Rich Mendez, CEO de Rich Music Inc, en su estudio en Wynwood. Rich Music es un sello discográfico independiente boutique, cuyo objetivo es cultivar una lista diversa de talentos de la música latina no descubiertos, fotografiado el jueves, 2 de enero de 2020

En solo una década, Rich Méndez pasó de vendedor de autos en Orlando a próspero magnate de música latina en Miami.

En la actualidad, estrellas de reguetón como Bad Bunny, Nicky Jam y Daddy Yankee pasan por el complejo discográfico de Wynwood para grabar canciones. Los artistas del sello indie también son importantes: el reguetonero Sech fue nominado para tres premios Grammys Latinos y, en noviembre, interpretó su éxito “Otro Trago”, en el show de los premios en noviembre.

“He tenido los mejores 10 años de mi vida”, dijo Méndez. “Y también los peores 10 años de mi vida”.

A medida que se convertía en una poderosa figura de la industria musical latina en Miami, y fundó su sello Rich Music, Méndez luchaba en silencio para mantenerse fuera de la cárcel tras haber sido acusado de participar en una estafa de propiedades de tiempo compartido (time share, en inglés) hace 10 años. Méndez pagó una indemnización y cooperó con la Fiscalía, aunque no pudo evitar una severa condena de prisión que le impuso un juez federal de Texas.

De modo que, Méndez, de 49 años, tendrá que entregarse el próximo martes en una prisión federal de Miami para comenzar a cumplir una condena de cinco años de cárcel.

Aunque su sentencia no tiene posibilidad de ser reducida tras una apelación, hay alguna esperanza. El presidente Donald Trump podría perdonarle o conmutarle la sentencia. La historia de Méndez ha sido ampliamente defendida por el presentador de televisión John Cardillo, de la cadena de cable conservadora Newsmax, como un ejemplo de “implacables fiscales del Departamento de Justicia que destruyen vidas”.

De cualquier modo, Méndez tendrá que manejar su negocio desde la cárcel. Tiene pensado depender de su socio e hijo, Josh Méndez, de 31 años, y de más de 30 empleados para que se encarguen de los estudios y de los músicos en su ausencia.

“Si la música es buena, todo lo demás va a seguir adelante”, dijo Méndez. “No veo cómo podría afectarnos”.

Nacido en Nueva York de padres puertorriqueños, Méndez se convirtió en exitoso, aunque anónimo, vendedor de autos usados en Orlando.

Sin embargo, durante la crisis económica del 2008, perdió el negocio, en momentos en que su hijo se dirigía a jugar football en la Universidad de Jacksonville. Tanto él como su esposa de muchos años, Dawn Méndez, tuvieron que trabajar como camareros antes de que a la familia se le diera otra oportunidad de hacer negocios.

El negocio era vender por teléfono propiedades de time share, una industria ubicua en Orlando, donde los vendedores trataban de atraer a visitantes para que invirtieran en la compra de comunidades donde pasar las vacaciones. Parte de la industria tiene que ver con la venta telefónica de propiedades.

“Lo que él no sabía es que la industria de vender propiedades por teléfono es muy sucia”, dijo Philip Reizenstein, abogado de Méndez, que tiene su bufete en Miami.

Méndez y otro hombre tenían a su cargo una compañía de Orlando llamada Resorts Condos Management.

“Cometí un error”, dijo Méndez. “Me metí en un negocio del que no sabía nada”.

Según los fiscales federales, entre principios de 2009 y finales del 2010, los vendedores de Méndez en el negocio hicieron “llamadas no solicitadas a los dueños de propiedades de time share”, convenciéndolos de pagar diversos tipos de tarifas por “ventas falsas de sus propiedades”. Pensando que las ventas eran legítimas, los dueños entregaron miles de dólares en presuntos “costos de cierres”.

Méndez dijo que despidió a sus vendedores cuando descubrió que usaban diversos tipos de “trampas y engaños” para atraer a clientes y hacerlos pagar. Durante un tiempo, el negocio continuó, pero cuando todo siguió funcionando de forma ilegal, Méndez cerró la compañía.

“Cerró su negocio antes de que la policía se viera envuelta”, dijo Reizenstein.

Méndez terminó declarándose culpable de un cargo de conspiración para cometer estafa electrónica y cooperó con los fiscales, al tiempo que pagó más de $300,000 como indemnización. Sin embargo, Candida Heath, asistente de la Fiscalía de Dallas, Texas, insistió en solicitar una condena de nueve años de cárcel, y posiblemente más.

Desde julio de 2019, Méndez ha estado libre bajo fianza.

Sus abogados defensores no han dicho si se han hecho algún esfuerzo para llamar la atención de la Casa Blanca sobre el caso de Méndez con el fin de lograr un perdón presidencial.

Irónicamente, la firma Rich Music prosperó durante los años en que Méndez tuvo que batallar en su caso.

Aunque el sello disquero se creó en el 2007, el negocio languideció hasta el 2013, cuando el matrimonio Méndez firmó a un joven reguetonero llamado Justin Quiles, quien no tardó mucho en convertirse en un éxito, y la canción con la que debutó, La Promesa, ocupó el puesto número 2 en los primeros álbumes latinos de Billboard en el 2016. Al año siguiente, Quiles y Rich Music firmaron un contrato con Warner Music Latina.

Desde entonces ha sido una verdadera vorágine para los artistas que graban bajo el sello de Rich Music, que en el 2017 recibió la distinción de ser reconocido como “Casa Discográfica del Año de Ritmos Latinos” de Billboard.

En la actualidad, sentado en el estudio, Méndez trata de ir sobrellevando cuál será su futuro. Cuando termine su sentencia, Méndez quiere trabajar en el área de la reforma de la justicia criminal.

Pero, por ahora, deberá presentarse el martes en la Institución Federal Correccional de Miami, una cárcel de baja seguridad. Ya a Méndez se le informó cómo sobrevivir en prisión, y está al día de la mayoría de los programas de rehabilitación.

“Quiero salir cuanto antes de todo esto”, expresó.